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¿Qué pasa en el ambiente cuando no estamos?

 


Investigadores del grupo de Eco-Fisiopatología del ISAL estudiaron la contaminación hormonal en áreas protegidas urbanas (APU) antes y después del aislamiento por COVID-19. Los resultados fueron publicados recientemente en la revista Journal for Nature Conservation.

Las APU comprenden parques nacionales y reservas naturales situados dentro o en la periferia de centros urbanos. Mejoran la calidad de vida de sus alrededores: favorecen la biorremediación, colaboran con la conservación de la biodiversidad y fomentan la educación ambiental. Sin embargo, la presencia de contaminantes no regulados puede poner en peligro su efectividad. Estos contaminantes pueden interactuar entre sí, dando lugar a mezclas complejas cuyos efectos son difíciles de predecir.

Durante la pandemia de COVID-19, la Argentina implementó un aislamiento social obligatorio. Con la actividad humana reducida, bajó notablemente el ingreso de contaminantes domésticos e industriales a las APU. En ese contexto, los investigadores estudiaron antes y después del período de aislamiento la presencia y carga de contaminantes hormonalmente activos en dos APU argentinas: la Reserva Ecológica Ciudad Universitaria, en Santa Fe, y la Reserva Santa Catalina, en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires. Para ello utilizaron el yeast screen assay, un ensayo basado en levaduras transgénicas que permite medir cuatro tipos de actividad hormonal: estrogénica, androgénica, anti-estrogénica y anti-androgénica.

En las dos APU estudiadas, antes del aislamiento se detectó actividad estrogénica y anti-androgénica. Tras el aislamiento, ambas formas de actividad hormonal disminuyeron significativamente. En todos los casos, los niveles detectados se encontraban por debajo de los límites considerados seguros para la fauna. Esto indica que las APU analizadas funcionan como ambientes seguros para las especies que albergan y cumplen su rol como zonas de amortiguación frente a la contaminación urbana. No obstante, estos hallazgos demuestran que la actividad humana tiene un impacto real sobre su salud ambiental, uno que suele pasar desapercibido.

Los resultados obtenidos abren una oportunidad para impulsar cambios que permitan un mejor equilibrio entre las necesidades humanas y la preservación de los beneficios que ofrecen las APU. Para lograrlo, es indispensable la participación de múltiples actores: la comunidad científica, los gobiernos, las instituciones de cuidado ambiental y la ciudadanía en general.

Te invitamos a leer la publicación completa:

Hormonally active contaminants in urban protected areas: lessons to learn from COVID-19 lockdown. Tavalieri YE, Truter JC, Dioguardi G, Fritz M, Rivera OE, Luque EH, Muñoz-de-Toro M, Galoppo GH. J Nat Conserv. 2026 Mar 6;92:127260. doi: 10.1016/j.jnc.2026.127260.